Déficit Fiscal: La metáfora de los tres hermanos

vamos a utilizar una metáfora que se nos vino a la mente en el marco de la actual tramitación parlamentaria del expediente legislativo No20.580, “Ley de fortalecimiento de las finanzas públicas”,

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Costa Rica, ¡la casa grande de todos y de todas! ¡Sí, así es! Pero, ahora que estamos en medio de la “tormenta” fiscal y que se nos están diciendo que todos tenemos que sacrificarnos un poco para que no “naufraguemos” como país; necesariamente, por una parte, debemos reflexionar no solamente sobre la responsabilidad política de quienes tomaron malas decisiones en el pasado (incluso en el más reciente), como para que ahora estemos en esta riesgosa situación (lo cual nosotros admitimos); y, por otra, lo más importante, de qué parte debe venir la mayor cuota de sacrificio para que no entremos de lleno a la catástrofe que se nos anuncia.

Para ello, vamos a utilizar una metáfora que se nos vino a la mente en el marco de la actual tramitación parlamentaria del expediente legislativo No20.580, “Ley de fortalecimiento de las finanzas públicas”, con el cual, prácticamente todas las colectividades político-partidarias del momento están de acuerdo, incluyendo los dos señores Alvarado que se están disputando la Presidencia de la República, en la votación electoral de segunda ronda de este domingo 1 de abril.

Resulta que mantener la casa grande, ésta requiere, fundamentalmente, de los ingresos que deben aportar dos hermanos y una hermana que, principalmente, tienen posibilidades de hacerlo pues son quienes están en edad de plenitud laboral y/o productiva.

Los tres deben de cuidar de la niñez y de la adolescencia que, supuestamente, está estudiando y de la cual son responsables; y, además, cooperan en el sostenimiento de las personas adultas mayores (algunas ya jubiladas, pero con pensiones muy bajas), que también viven en esa casa grande.

Hay un hermano al que le ha ido muy bien, pero muy bien. Su situación económica es muy holgada, partiendo de una actividad productiva sumamente exitosa para la cual ha recibido mucho apoyo de diversa política pública (como las exenciones), lo que le ha permitido realizar numerosos negocios.

Además, es muy “audaz” para declarar al fisco lo menos posible, tributariamente hablando (le paga a algunos bufetes inescrupulosos que ayudan a maquillar finanzas corporativas). Y tiene a su favor, adicionalmente, que las actuales leyes de impuestos que le imponen pagar, son muy flojas, debiluchas.

Últimamente, el tipo se ha venido juntando con una serie de políticos no menos inescrupulosos que él y que sus abogados. Todos han venido utilizando sus influencias y la de sus amigotes para que no les pongan a pagar más, pudiendo hacerlo sin que se empobrezcan para nada.

A pesar de lo abultado de sus ingresos, quiere aportar a la casa en la misma proporción en que lo hacen sus otros dos hermanos. Electoralmente hablando, su clan de amigotes apostó a las dos opciones electorales en pugna y entre todos lograron colocar fichas vitales en ambos lados que no podrán en riesgo su propio bienestar económico, pues se consideran a sí mismo, los reales dueños del no menos real poder político de la sociedad.

La hermana, por suerte, tiene un trabajo decente con un salario digno. Es profesional estatal. Ella sí paga puntualmente sus impuestos, pues no le queda de otra. Le rebajan renta del salario al momento del pago quincenal y, por supuesto, cuando va al supermercado, el impuesto de ventas lo paga en la caja registradora.

Si éste se transforma en IVA (impuesto al valor agregado), le tocará pagar más y su salario se encogerá pues hace tiempo está prácticamente congelado y no incrementa su poder de compra. Se ha esforzado mucho por superarse y así colaborar mejor para un nivel digno de vida a la familia, aportando al mantenimiento de la casa.

Sin embargo, cayó en la trampa de las tarjetas de crédito y ahora está ahogada por el pago usurero de los intereses. Ella se había venido considerándose a sí misma, como clase media. Pero y para peores, como es empleada pública, le han venido amenazando con ataques duros a su salario y a pesar de que es pagadora puntual de impuestos, le quieren responsabilizar de que su salario es el causante del déficit fiscal. Vive totalmente estresada y tiene mucha incertidumbre sobre su futuro.

Electoralmente hablando, ella cree que las dos opciones en pugna para el domingo 1 de abril, pondrán en riesgo su propio empleo y su precarizado salario. A pesar de ello, cree que debe definirse entre lo pésimo y lo peor y está en un terrible dilema.

El tercer hermano, ¡sí la está viendo fea! Aunque tiene una formación como técnico medio, lleva mucho tiempo desempleado. Ya perdió la cuenta de cuántos currículos ha entregado. La pulsea todos los días para llevar su aporte a la casa grande, pues la familia es numerosa. Se siente “arrimado” y todos los días sale tempranito a la calle a ver qué hay por ahí para ganarse algo. Prefiere llegar muy de noche a la casa para no consumir alimento y no sentirse como una carga.

Varias veces ha sido tentado para obtener dinero fácil pero dado el alto riesgo de cárcel, se ha resistido (al menos hasta la fecha). Electoralmente hablando, él está decidido no votar este domingo 1 de abril. Dice que ya perdió toda esperanza de que se acuerden de él. Afirma haber llegado a un nivel tal de desesperación que solamente pasan por su mente ideas locas.

Hasta aquí la metáfora.

Tributariamente hablando, y desde el punto del tema del déficit fiscal, el gran error y la severa injustica del proyecto fiscal actualmente en debate, el expediente legislativo 20.580, denominado “Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas”, trata a los tres hermanos por igual, repartiendo culpas y responsabilidades por el calamitoso estado de las mismas, sin equidad alguna; a sabiendas de que el segundo y el tercer hermano son víctimas de la buena vida que ha llevado el primero, “tirándosela rico”, enriqueciéndose por vías legales, otras no tanto, e incluso, jugándole ya sucio a la sociedad. Dicho proyecto no considera el estado de desigualdad crónica que ya vivimos en nuestra sociedad.

Conclusión: si los tres no se sientan en una mesa a dialogar, con franca transparencia y con sincero respeto, acerca de las medidas realmente equitativas que se deben tomar para atacar la gran desigualdad en que han venido viviendo y así mantener estabilidad de la casa grande y de toda la familia que en ella habita, podría sobrevenir un colapso de dolorosas dimensiones, pues se habrán de confrontar entre sí y duramente.

Última modificación: 28 de marzo de 2018 a las 09:06

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