Segunda ronda: ¿elección o designación?

¡Contra la pared! La policía financiera del planeta está al acecho. Las todopoderosas calificadoras de riesgo al servicio de los procesos globales le dieron al país un ultimátum: ¡corrijan ya su déficit fiscal pues tienen los días contados

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¡Contra la pared! La policía financiera del planeta está al acecho. Las todopoderosas calificadoras de riesgo al servicio de los procesos globales de acumulación de capital y potenciadoras del más espantoso proceso de concentración de la riqueza jamás visto en la historia de la Humanidad, le dieron al país un ultimátum: ¡corrijan ya su déficit fiscal pues tienen los días contados! Si no lo hacen ya, le diremos al mundo que Costa Rica es mala paga; que Costa Rica no puede pagar su gigantesca deuda pública; que Costa Rica no es un destino seguro para la inversión; que Costa Rica está cerca de que sus bonos sean catalogados como basura.

El hostigamiento de la troika de las calificadoras de riesgo en contra del país (Moody’s, Fitch Ratings y Standard & Poor’s), provocó en los últimos días un alineamiento político-estratégico de nuestra clase gobernante, a favor de la derecha del capital neoliberal, al envalentonarse ésta con el resultado electoral de primera ronda, según las votaciones presidenciales y legislativas del pasado domingo 4 de febrero.

Efectivamente, los “nuevos” partidos políticos de la era de la globalización neoliberal, los consorcios mediáticos ideológicamente matriculados con la tesis de “todo mercado-nada Estado”, realizaron un fuerte proceso de incidencia e impusieron un “Acuerdo por la responsabilidad fiscal y el fortalecimiento de las finanzas públicas”, firmado y legitimado por los dos señores Alvarado, de tal suerte que no importará quién gane en segunda ronda, puesto que en materia de política económico-fiscal la cancha les quedó marcada.

El “Acuerdo por la responsabilidad fiscal y el fortalecimiento de las finanzas públicas”, potencia fuertemente que la estructura tributaria del país siga siendo perversamente regresiva; es decir, que sigan pagando impuestos los que, proporcionalmente hablando, tienen menos: los que no roban impuestos, los que no pueden acumular, los que están altamente endeudados con salarios muy comprometidos y/o precarizados, los que no tienen ni exenciones ni exoneraciones, los que se han venido empobreciendo, los que no contrabandean ni subfacturan, las micro-pequeñas y medianas empresas… Hablamos de la clase trabajadora, los sectores medios, los sectores empobrecidos y los sectores que están viajando hacia la pobreza. En términos generales y, para empezar, a los de abajo nos sacarán de nuestros estresados bolsillos, unos 700 mil millones de colones, casi 2 puntos de Producto Interno Bruto (PIB).

En ruta hacia su extinción, los principales partidos políticos responsables del gigantesco déficit fiscal y del no menos gigantesco inmanejable e impagable endeudamiento público, Liberación y Unidad, aprovechan el terremoto político del pasado domingo 4 de febrero, para transmutarse y asumir una conducción hegemónica tácita, macroeconómica y fiscalmente hablando, en el nuevo gobierno que entrará en funciones el próximo 8 de mayo, sin importar cuál de los dos Alvarado sea electo el venidero domingo 1 de abril… ¿Electo?... ¿No será más bien designado?...

Los señores Alvarado se han matriculado con un ajuste fiscal por el lado de los de abajo, esencialmente: a) transformar el impuesto de ventas en impuesto al valor agregado (IVA), mismo que en el debate parlamentario de estos próximos días puede subir del 13 al 15%; b) avalar una regla fiscal draconiana y extremista con recortes presupuestarios en los cuatro años venideros de tal calibre que perfila un abrupto despido masivo de empleados públicos de hasta unos 60 mil; c) iniciar el camino para las reducciones salariales sustanciales en el empleo público, golpeando inicialmente al sector profesional del mismo (sentenciando a su extinción la dedicación exclusiva, y considerar la eliminación legal del pago de prohibición); d) abriendo paso a mociones para poner impuesto a las cesantías superiores a los ocho años, o bajarlas todas a 8; etc., etc.

La tesis ideológicamente de fondo es homologar hacia abajo la estructura salarial del sector público para llevarla a la que existe en el sector privado en materia de salario mínimo.

El apocalipsis fiscal que se nos ha anunciado a raíz de que se espera que el déficit fiscal llegue al terminar el presente año 2018, a un 7.1% y a, prácticamente a un 8% al finalizar el 2019.

Desde nuestra propia perspectiva sindical (que no es la única), sería absolutamente irresponsable y aventurero negar la gravedad del problema.

La lógica hegemónica dominante del capital neoliberal a nivel planetario castiga severamente a los pueblos que son sometidos a la irresponsabilidad de sus respectivos gobiernos, cuando por favorecer a sus propias clases gobernantes concentradoras de riqueza, dejan que se den esos déficits fiscales estratosféricos porque nunca quisieron hacer sus respectivos sistemas tributarios realmente justos y equitativos.

Ilusamente creemos que debería ser vía diálogo político-social atender ese grave problema del déficit fiscal. Los números electorales no necesariamente reflejan las profundas cuestiones que están presentes en materia de desigualdad, de exclusión, de integración sociales y del desafío del restablecimiento del bien común como eje central de toda política pública.

Los viejos partidos políticos del desprestigiado PLUSC y sus nuevos operadores políticos se han decidido por la vía rápida del trámite parlamentario para pasarle una aplanadora al pueblo trabajador. No le queda más a éste que ejercitar su legítimo derecho a defenderse.

Ojalá las organizaciones que decimos representarle, estemos a la altura del crucial desafío que ya tenemos encima.

Última modificación: 7 de marzo de 2018 a las 09:15

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