Manuel Mora Valverde h3. 1909-1994

Nació el 27 de Agosto de 1909 en la ciudad de San José, en el seno de una familia de clase media, primogénito entre doce hermanos. Su padre José Rafael Mora era un maestro de obras, que dirigió los talleres de Obras Públicas durante el gobierno de su amigo Alfredo González Flores (1914-1917). Siendo apenas un niño lo vio marchar hacia Nicaragua con un grupo de amigos, para unirse al movimiento armado para derrocar a los Tinoco. Su madre era Lydia Valverde, de quien adquirió ese espíritu por el conocimiento del mundo y de las personas.

Estudió la primaria en la escuela Juan Rudín y la secundaria en el Liceo de Costa Rica, donde se destacó sobre todo en las ciencias exactas. Cuando obtuvo el bachillerato en 1927, Fidel Tristán, director del Liceo, le ofrece una beca para estudiar matemáticas en París, con el apoyo del entonces ministro de Educación Luis Dobles Segreda. Mora declinó el ofrecimiento y decidió ingresar en la Escuela de Derecho, donde se graduó en 1940. Allí conoció a Mario Echandí Jiménez, su compañero de graduación.

Desde su escritorio de abogado comenzó la lucha por los más pobres y para las elecciones de 1924, cuando se disputaban la presidencia Ricardo Jiménez, Alberto Echandí y el General Jorge Volio, se enroló en el partido Reformista de éste último.
En 1931 fue miembro fundador del Partido de Obreros y Campesinos (comunista) y en 1933 fue electo diputado al Congreso por ese partido, puesto al que se reeligió hasta 1948. En 1970 fue nuevamente electo diputado a la Asamblea Legislativa. Su primer período como diputado lo inició cuando tenía apenas 25 años.

Durante los años 30 se volvió un vocero de los trabajadores bananeros con los cuales organizó varias huelgas. A principios de los años 40 su partido, que ya se llamaba Vanguardia Popular, se alió con el presidente Calderón Guardia para aprobar las reformas sociales.

Su apoyo y el de su partido en 1944 a la candidatura de Teodoro Picado, fueron claves en el triunfo de este sobre León Cortés. En parte esto hizo que posteriormente se desencadenara la Guerra Civil de 1948. Al finalizar esta, viajó a México y regresó a Costa Rica en 1950.

Aunque la mayoría del pueblo no sigue la ideología comunista, no es recordado como un extremista, sino más bien como un hombre de acción que contribuyó a forjar lo que es la Costa Rica de hoy.

En 1993, se le otorgó el premio Rodrigo Facio, que da la Universidad de Costa Rica y en 1994 la Universidad Estatal a Distancia (UNED) le otorga el Doctorado Honoris Causa.

Murió el 29 de diciembre de 1994 a la edad de 85 años.

La Asamblea Legislativa le otorgó el título de Benemérito de la Patria.


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Reflexiones sobre el pensamiento de Manuel Mora Valverde: fundador del Partido Comunista de Costa Rica. A cien años de su natalicio.

*El pensamiento y la acción política de Manuel Mora, durante la primera mitad del siglo XX, son parte de un proceso que contribuyó a la transformación de la sociedad costarricense.

Germán Chacón Araya / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA*

Este costarricense nació el 27 de agosto de 1909, en la ciudad de San José, en una familia de clase media. Hijo de Lydia Valverde y José Rafael Mora, un maestro de obras y dirigente de un grupo de obreros josefinos.

Manuel Mora Valverde estuvo ligado a la vida política del país desde sus primeros años. En 1917, con menos de 15 años, tuvo que enfrentar el exilio de su padre Rafael Mora, obrero organizado de lo que hoy se conoce como el Ministerio de Obras Públicas y Transportes, después de que su casa y su familia sufrieran un atentado.

Ese año, Federico Tinoco y su hermano José Joaquín dieron un golpe de Estado al gobierno de Alfredo González Flores e instauraron una dictadura militar. José Rafael Mora estuvo vinculado a González Flores y tenía afinidad con sus ideas. Como hemos dicho, abandonó el país con rumbo a Nicaragua y organizó, desde allá, un movimiento armado junto a su grupo de obreros, con el fin de derrocar la dictadura de los Tinoco. Por esos días, también mueren dos hermanas de Manuel Mora, por carecer la familia de fondos para atenderlas adecuadamente.

Siendo estudiante del Liceo de Costa Rica, Manuel Mora comenzó a asistir a reuniones políticas con los grandes intelectuales de la época, entre los que destacan escritores como Carmen Lyra, Joaquín García Monge, Carlos Luís Sáenz, Rómulo Betancourt y otros miembros de la liga antiimperialista, quienes eran mayoritariamente profesos militantes de la tradición ácrata, socialista libertaria, propia de nuestra América.

Mora cursó sus estudios en la Universidad de Costa Rica, donde se tituló como licenciado en Derecho, continuando con su participación política y su compromiso con la justicia social. Fue expulsado de la Universidad dos veces por persecución a sus ideas. Recibió la Orden de la Amistad de los Pueblos, distinción entregada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La República Democrática Alemana lo distinguió con la Orden Carlos Marx. La República de Bulgaria le entregó la orden George Dimitrov y la República de Cuba le impuso la orden Playa Girón. En 1993, le fue otorgado el premio Rodrigo Facio de la Universidad de Costa Rica, y en 1994 la Universidad Estatal a Distancia (UNED) le otorga el Doctorado Honoris Causa.

Finalmente, el líder político murió el 29 de diciembre de 1994, a la edad de 85 años. La Asamblea Legislativa de Costa Rica le otorgó el título de Benemérito de la Patria.

El filósofo Arnoldo Mora Rodríguez, en su libro la Historia del Pensamiento Costarricense (1993), expone algunas de las características de Manuel Mora: entre las que destacan el ser un notable orador y un verdadero revolucionario (Mora, 1993:155). Este autor presenta a Mora como un pensador del siglo XX quien, a partir del marxismo, logra hacer una lectura de la realidad nacional, al contar con la participación de los comunistas en la construcción de la democracia y elaborar el concepto de comunismo a la tica.

La participación política de Manuel Mora y la proyección de su pensamiento en el ámbito nacional y latinoaméricano, constituyeron un momento histórico significativo, en el cual se reflejaron las ideas filosóficas y políticas que permitieron al dirigente comunista desarrollar un pensamiento particular, influenciado por las teorías de la doctrina social de la Iglesia, la corriente marxista humanista característica de América Latina y por pensadores como Marx, Engels y Lenin, entre otros. Mora hizo acopio de este pensamiento revolucionario para analizar, a partir del contexto mundial, la especificidad de la realidad cosatarricense.

El pensamiento de Manuel Mora siguió un derrotero teórico ideológico bien definido, en su afán de comprender la política como una sucesión de procesos que surgen de la realidad. Ello le permitió hacer una identificación y sistematización de esa realidad, al utilizar el marxismo-leninismo como una guía, mediante la que estableció su desarrollo argumentativo. A partir de éste, buscó dar respuesta a las demandas de un grupo, sector, clase, organización social, o institución de forma particular (y) o global.

Consideró la sociedad dentro del marco de las posibilidades de un país o región, contó para ello con el parlamento y la estructura partidaria, con el fin de alcanzar un programa o propósito de Partido. Además, tomó en cuenta la situación interna y externa, así como las posibilidades del Estado y el grado de desarrollo alcanzado por las instituciones públicas y privadas.

El pensamiento de Manuel Mora estaba constituido por un cuerpo de principios humanistas y marxistas-leninistas que, al no ser rígido, permitió hacer una interpretación de la realidad costarricense y sirvió para establecer una corriente política, la cual llamó Comunismo a la tica. Este influyó en las organizaciones, en los partidos políticos, en la institucionalidad y finalmente se tradujo en leyes y documentos que llevaron a la transformación del modelo político nacional, es decir, a la construcción del Estado costarricense.

Al analizar la vigencia de su pensamiento, se hace necesario considerar la teoría marxista, en su corriente humanista (tal como lo hizo notar Pablo Guadarrama en 2006). Desde la tradición marxista, Manuel Mora practicó la reformulación de la teoría del Estado, no solo con el afán de comprender la forma efectiva de la dominación por simple gusto gnoseológico, sino, también, de configurar alternativas viables para la revolución social. En la comprensión de la esencia de la dominación, de sus mecanismos y características, está implícito el diseño de la estrategia viable para su transformación económica y social.

“En cuanto a las luchas antiimperialistas, desarrolladas desde principios de siglo, la segunda mitad de esta década fue rica. La Sección costarricense del APRA, en la cual estaba Carmen Lyra, Luisa González y Gonzalo González; La Liga Cívica Juan Rafael Mora, en la que participaban Alejandro Alvarado Quirós y Ricardo Fournier crearon una conciencia sobre la defensa de los recursos y de la soberanía nacionales. Así Manuel impulsa también la Sección costarricense de la Liga Antiimperialista de las Américas, organización que se suma a esas tradiciones haciéndola un instrumento importante de lucha orientada a salvaguardar la identidad nacional de América Latina, cuando el continente era presa de constantes intervenciones norteamericanas, como la que sufría entonces Nicaragua que dio origen a la gesta heroica de Augusto César Sandino, en 1927”( De la Cruz,1985:13).

A lo largo de su trayectoria política, Manuel Mora Valverde, participo en la fundación y desarrollo de organizaciones revolucionarias en Centroamérica desde la década de 1930. En 1931 fundó el Partido Comunista de Costa Rica, del cual fue secretario general por varias décadas. En la década de 1950 fue uno de los principales ideólogos de la segunda fundación del Partido Comunista de Honduras. Participó junto a los partidos comunistas de Centroamérica y el Caribe en la tarea de establecer el socialismo en la región a partir de la realidad de cada país, y fue un inclaudicable amigo de la Revolución Cubana.

En 1961, con motivo de la conferencia para valorar la situación internacional y enfrentar las posiciones que enarbolaba el Partido Comunista de China, con Mao Tse Tung, en la cual participaron 81 partidos comunistas del mundo, Mora fue convocado a formar parte de la comisión que analizó la situación. Tal como lo anota De la Cruz, de los dirigentes comunistas de América Latina, don Manuel era de los de mayor trayectoria de lucha y prestigio.

El pensamiento de Manuel Mora propuso, desde los primeros años del siglo XX en Costa Rica, un proyecto alternativo: planeamientos que van a contribuir significativamente en las transformaciones más importantes en el modelo de Estado liberal en Costa Rica vigente desde 1871. Producto de las reformas sucesivas, como la promulgación de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo, parte de una gran reforma constitucional que llevó a un cambio en el plano político, social y económico de la república, su pensamiento se expresa en las instituciones del Estado que buscaban la justicia social y el beneficio de las mayorías, al tener como fin el ser humano.

Partimos de que las ideas de Manuel Mora elevaron la política costarricense a la categoría de ciencia (tal como lo ve Konstantinov en 1957), al fundamentar su accionar en el materialismo histórico, como su posición epistemológica al entender “por tanto, que la fuente de las ideas socialistas, las concepciones sociales, las teorías e instituciones políticas, deben buscarse en la condiciones de la vida material de la sociedad”.

Manuel Mora tomó en consideración estas formas de hacer política y a partir de ahí conforma la organización para establecer la estrategia del partido, frente al aparato estatal, en tanto representante de la clase dominante; y distinguió en este, a la burocracia, la administración, la policía y el ejército, como lo exponía Carlos Marx.

Su pensamiento, entonces, respondería al grado de reflexión sobre las contradicciones fundamentales de esa época. Se puede hablar de un marxismo criollo humanista, en el sentido de que dentro del pensamiento crítico del continente americano, el marxismo ha sido un elemento evidentemente central, enriquecido, particularizado, con aportes locales directos o indirectos; podemos pensar, por ejemplo, en José Carlos Mariátegui y en otros pensadores, sobre todo del sur del continente y del Caribe latinoamericano, al utilizar el marxismo como herramienta de lucha.

El eje del pensamiento de Manuel Mora estuvo ligado como cuestión central al Estado. Ello resulta fundamental porque el Estado es el gran tema del marxismo y del Partido Comunista costarricense.

De esa manera, se empezó a generar una conciencia social que se profundizó con la crisis del decenio de 1933, producto de la recesión económica y la baja en los precios de las exportaciones, y sobre todo en el año 1934, cuando los obreros dirigidos por el Partido Comunista derrotan las políticas de United Fruit Company (UFC). Durante la década de 1940, resultado de la política de alianzas, el Partido Comunista, junto a la Iglesia Católica y el presidente Calderón Guardia, promovieron la reforma social más radical del país, con la creación de instituciones públicas que son referente obligado de la democracia costarricense, tales como la Universidad de Costa Rica, en 1940; la Caja Costarricense del Seguro Social, en 1941; la promulgación de las Garantías Sociales, el Código de Trabajo y la Ley de Casas Baratas, en 1943.

Los cambios sucedidos en la década de 1940 marcaron el derrotero por donde transitó el Estado Costarricense durante casi todo el siglo XX. La habilidad política de Mora se hizo evidente en el Congreso, del cual fue diputado durante cinco periodos legislativos. Su último período inicio en febrero de 1970. Don Manuel nos decía en esa época: “Nos falta una concepción nueva y revolucionaria de la política. Necesitamos un Gobierno de nuevo tipo, un Gobierno realmente del pueblo y dispuesto a apoyarse en el pueblo para enfrentarse a la cobardía y la falta de visión a fin de acabar con los viejos métodos de gobernar. Necesitamos unirnos alrededor de una propaganda realista y audaz, formar un bloque poderoso de fuerzas democráticas y patrióticas para eliminar todo lo que está podrido, para transformar todo o que esta caduco, para defender y fortalecer todo lo que es noble y todo lo que tiene vitalidad, y para reconstruir nuestra Patria sobre bases nuevas de justicia, democracia y dignidad, es decir de una patria socialista”.

También destacó en la plaza pública, donde quedó manifiesta su capacidad para lograr consensos, los que posibilitaron las reformas necesarias en las leyes que permitieron la consolidación de un tipo de Estado que abriera el camino al socialismo. Estas leyes deben ser consideradas parte de una revolución en las ideas desde el punto de vista ideológico, como un pensamiento alternativo.

El pensamiento y la acción política de Manuel Mora, durante la primera mitad del siglo XX, son parte de un proceso que contribuyó a la transformación de la sociedad costarricense.

Ambos, pensamiento y acción, son ejemplo de un pensar y actuar basados en el respecto a dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad, desde una cosmovisión comunista. Manuel Mora creía en la libre determinación de los pueblos, y sobre el particular decía:
“Creemos que cada pueblo tiene el derecho de darse el régimen social y el Gobierno que mejor le plazca y que ninguna potencia tiene derecho a interferirlo. Si tal es nuestro pensamiento, es lógico y comprensible que estemos de acuerdo en que se coordine la solidaridad de todos los países sojuzgados o interferidos por el imperialismo para poder desarrollar con éxito la defensa común. Pero eso no significa que estemos de acuerdo en que se imponga desde fuera a ningún pueblo el método que debe seguir para independizarse del imperialismo o para defender sus riquezas o su soberanía. Tampoco creemos que pueda o deba indicársele desde afuera a un pueblo, o a sus dirigentes, el momento y la forma de hacer una Revolución Social. Nosotros sabemos que la Revolución no se importa ni se exporta. La Revolución se desarrolla en cada medio de acuerdo con sus características, y son los respectivos pueblos los llamados a realizarla, cuando lo juzguen conveniente, y sin imposiciones externas. Nosotros tenemos una concepción clara y definida de la lucha política y social en nuestro país…” (Mora, 1981:572)

Manuel Mora es de esos hombres que nunca mueren porque viven en el corazón del pueblo.

  • El autor es sociólogo costarricense. Académico del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional.

Fuente: http://connuestraamerica.blogspot.com/2009/08/reflexiones-sobre-el-pensamiento-de.html

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Entrevista con Manuel Mora Valverde respecto a la Huelga de Brazos Caídos

*Oscar Aguilar Bulgarelli
Los pobres de la tierra.org
1966-1967*

Nuestro pueblo la calificó con mucho acierto de huelga de “bolsas cerradas” porque no fue una huelga de trabajadores ni de productores, sino simplemente un cierre de establecimientos comerciales pertenecientes a gentes que adversaban al gobierno por la legislación social y concretamente porla promulgación del impuesto sobre la renta. Fue una reacción de los ricos contra la legislación social, contra lo que se podría llamar el nuevo rumbo revolucionario que estaba imprimiéndosele a nuestro país. Por eso a los políticos de entonces, especialmente a don Otilio Ulate, no les fue difícil impulsar y desarrollar ese movimiento. Todas aquellas gentes estaban asustadas, creían que iban a ser arruinadas, que el Gobierno iba a entrar al saco sus haberes pues este era el sentido que la propaganda le había dado, la propaganda del señor Ulate.

También creían que la legislación social, el Código de Trabajo y los mismos seguros sociales no eran más que pasos hacia el comunismo. En fin todas las personas que tenían algún bien sentían que ese bien estaba en peligro y eso contribuyó a que los ricos y una parte de la clase media respondieran al llamamiento de Ulate y de una serie de jóvenes que llamaban a la huelga de brazos caídos.

Naturalmente la huelga pudo llevarse a cabo por esa razón, que el Gobierno no hiciera nada para detenerla. En el Gobierno anterior del Dr. Calderón Guardia, al finalizar se había intentado otra huelga de brazos caídos pero el Doctor tenía un modo de pensar y de reaccionar distinto del de don Teodoro Picado.

Yo estaba entonces muy cerca del Dr. Calderón, me di cuenta de que el movimiento se iniciaba, movimiento contra la reforma social, conversé con el Doctor y le sugerí que tomáramos algunas medidas enérgicas al comenzar el movimiento con la esperanza de que así se podía detener sin necesidad de crear una situación que pudiera engendrar actos de violencia en todo caso lamentables.

Conocía como conozco hoy, la índole de nuestros ricos y sabía por dónde les apretaba el zapato. El rico nuestro prefiere perder la vida que perder cien colones. Cuando pusimos al Resguardo Fiscal alerta y listo para movilizarse y se dictó un Decreto de Ley según el cual, establecimiento comercial que cerraba era sellado, sus mercaderías confiscadas y se le daba al comerciante un documento para que pudiera, en su oportunidad, cobrar esas mercancías y esas mercancías se vendían a los establecimientos que no estuvieran unidos a la huelga.

El primer establecimiento que cerró fue la California, en el acto el Resguardo Fiscal llegó, se hizo un inventario y se preparó el documento y se le informó al propietario que no se trataba de robarle nada, sino simplemente de impedir que él sustrajera de la circulación mercancías que el pueblo necesitaba. El propietario dijo que le dejara todo como estaba y que él volvía a abrir y entonces todos los demás comerciantes que estaban comprometidos resolvieron no ir a la huelga y ésta no se produjo cuando sintieron que el Gobierno iba a actuar en esa forma.

Bajo el Gobierno de Picado se quiso repetir la experiencia y se logró llenar la causa; pero esta vez ocurrió algo muy curioso. Yo vine a verlo claro varios años después, cuando regresé del destierro. Entonces supe, porque lo publicó, si mal no recuerdo, el propio don Otilio Ulate en la Prensa Libre, por ahí del año 51-52, supe que antes de la Huelga de Brazos Caídos don Otilio Ulate había tenido un entendimiento con don Teodoro Picado a espaldas del calderonismo y vanguardismo que eran los movimientos que apoyaban al Gobierno. Este entendimiento lo logró Ulate aprovechándose del temperamento de don Teodoro, éste era personalmente valiente, capaz de jugarse la vida y eso me consta; pero como mandatario era pusilánime, le tenía horror a ciertas responsabilidades y trataba de rehuirlas siempre.

Don Teodoro era un profesor de historia que se metió en la política y de pronto se encontró frente a una situación compleja y trágica y como profesor de historia no pudo manejarla porque para hacerlo tenía que dejar de ser simple trasegador de teorías para ir a manipular hechos. La historia de los libros es de una forma, pero los hechos se convierten en historia y generalmente se presentan en otra forma porque la historia nos presenta problemas generales en la superficie de los acontecimientos, no lo que hay en el subsuelo.

Precisamente esta es una de las características del marxismo, que va a buscar las causas de los fenómenos, y no se conforma con estudiar los efectos. La historia clásica estudia los hechos pero no sus causas. He hecho este paréntesis porque noté que se me había ido una frase que podía dar lugar a malas interpretaciones. Dije que la historia escrita es distinta a la historia vivida. Don Teodoro sentía que soplaban vientos de fronda.

El capital se movía, hacía reuniones en la bodega de Esquivel y en el Club Unión, hablaban de golpe de Estado, de comprar armas, etc. La campaña subversiva era terrible. Había la impresión de que algo terrible podía venirse y fue en esa ocasión que conversé con don Teodoro. Me dijo que yo tenía bastante contacto con el pueblo, que conocía á nuestros ricos y pobres y creía que lo estaban asustando; pero lo cierto es que don Teodoro se sentía asustado, no por lo que le pudiera ocurrir a él sino porque él no quería que hubiera una tragedia en Costa Rica siendo él Presidente.

Ulate le dijo que venía la huelga pero que él le garantizaba que la huelga sería pacífica si él le prometía que la policía y el Gobierno no intervenían. Don Teodoro tuvo la ingenuidad de aceptar y entonces la huelga se produjo y don Otilio pudo decir a sus amigos que podían actuar sin ningún peligro. Esto lo ignoraba el Dr. Calderón Guardia y yo, también lo ignoraba don Miguel Brenes Gutiérrez que en ese momento era Ministro de Hacienda y de Trabajo. Hablé con don Miguel y le dije que eso era un golpe serio para la economía pero que se podía parar, le presenté un plan y decidimos ir a hablar a la Casa Presidencial con don Teodoro pero él no estaba ahí ni se sabía dónde.

La huelga se desarrollaba y Teodoro no aparecía. Nosotros llamamos a la gente a la calle en vista de que podía ser necesario tomar medidas para defender al Gobierno porque los ricos envalentonados y envenenados podían convertirse en un verdadero peligro contra el orden público. Si antes no existía ese peligro, en estas condiciones sí.

Entonces era Director de Policía el Coronel Tavío, éste hizo muchas cosas malas, a nosotros los comunistas nos han levantando el cargo de haber sido aliados de Tavío, pero aquí hay algo entretelones interesante de aquel período de nuestra historia.

Resulta que cuando Teodoro Picado triunfó con nuestra alianza la Embajada de los Estados Unidos le hizo saber su inconformidad y en cierta forma le dio a entender que si quería realmente tomar la Presidencia y mantenerse en ella debía dar algunas garantías y Teodoro las dio, una de ellas fue poner la fuerza pública en manos de una persona de la confianza de la Embajada, otra garantía fue poner el Ministerio de Relaciones Exteriores en manos de otra persona de la confianza de esa Embajada.

El Coronel Tavío fue hecho Director General de Policía por recomendación de la Embajada, era la garantía que daba don Teodoro para poder llegar a la presidencia, frente a sus aliados: los comunistas. Durante el período de Gobierno de don Teodoro, con mucha frecuencia tuvimos dificultades nosotros los comunistas con la policía, más que los ulatistas y los opositores.

Nosotros cometimos muy a menudo el error de ocultar esas cosas para no diluir el Gobierno, para no darle armas al enemigo, para poder llevar adelante nuestra reforma social sin conmociones dentro del Gobierno, y este fue un error y tuvimos dentro del Gobierno muchos otros choques y los mantuvimos en secreto y eran cosas que debíamos haberlas dado a conocer. Lo cierto es que Tavío fue siempre adversario nuestro, era el hombre puesto por la Embajada para controlarnos.

Muchas de esas cosas logramos contrarrestarlas por medio de amigos sinceros, aliados leales. El propio Teodoro Picado a veces se veía en dificultades para deshacer actos de su propio hermano, Ministro de Seguridad Pública: don René Picado. Este era persona de la confianza de la Embajada. Digo esto para poder entender lo que sigue.

En un momento determinado Ulate y sus amigos hicieron una manifestación de estudiantes. Tavío actuó contrariando órdenes concretas del Presidente Picado, según éste me lo dijo en presencia del propio Tavío. Lo mismo había hecho Tavío aquella noche cuando asaltó la casa del Dr. Valverde, aquella noche trágica que todos recordamos. Tavío no tenía instrucciones de asaltarla, la asaltó por su cuenta. Don Teodoro, le increpó después en mi presencia y él reconoció que se había visto obligado a asaltarla porque desde la casa le habían disparado. Las órdenes que Tavío había recibido fueron de que simplemente rodeara la casa y le avisara al Dr. Valverde por teléfono; se mandó a rodear la casa porque se creía que había gente armada. Esto fue lo que don Teodoro Picado le dijo pero Tavío hizo otra cosa.

En esta manifestación de estudiantes igual, él por su cuenta disparó e hirió a un estudiante, no recuerdo si lo hirió solamente o si el estudiante se murió. Esto fue lo que movió a don Teodoro a dar un paso muy serio. Le hizo saber a Ulate que quería llegar a un arreglo y no había ninguna razón para eso porque realmente hasta ese momento no tenían más que un cierre de establecimientos comerciales, esa manifestación de estudiantes con un estudiante herido no era todavía un alzamiento popular; pero de todas maneras don Teodoro sintió que se le venía el mundo encima y llegó al entendimiento con Ulate y nos llamó al Dr. Calderón Guardia y a mí a la Casa Presidencial. Fue la primera noticia que tuvimos que don Teodoro había vuelto a aparecer. Don Miguel Brenes Gutiérrez estaba muy indignado con don Teodoro y por su actuación se distanció.

Habríamos podido parar la huelga sin perjudicar a nadie, sin romper las libertades públicas, los derechos individuales, pero no se pudo por las razones que he explicado. Pues bien, don Teodoro nos llamó y nos dijo que había llegado a un entendimiento con la oposición, con don Otilio Ulate. El entendimiento era que la huelga se iba a terminar y se le iban a dar garantías electorales a don Otilio Ulate. Yo le dije que nuestro grupo era el más interesado en que hubiera garantías electorales y que el Gobierno nunca le había negado garantías a don Otilio y que entonces qué sentido tenía todo esto. Me dijo, ustedes quieren unas elecciones puras, sí, le dijimos el Dr. Calderón y yo. Pues vamos a hacer un experimento, el Gobierno va a garantizar la libertad electoral y la oposición va a garantizar la pureza del sufragio. Para eso la oposición va a manejar el mecanismo electoral y nosotros vamos a mantener la fuerza pública. Pero ¿cómo va a manejar la oposición el mecanismo electoral? le preguntamos. Pues yo me he comprometido dijo, a integrar el Tribunal Electoral con personas designadas por don Otilio o de la confianza de él.

Advierto que aquel era el primer Tribunal Electoral que se iba a integrar en Costa Rica porque el nuevo Código Electoral iba a aplicarse por primera vez en esas elecciones que venían. Advierto que ese Código Electoral que está vigente todavía fue hecho por nosotros los comunistas y prácticamente impuesto por nosotros fue hecho con la experiencia nuestra pues habíamos sufrido muchas arbitrariedades electorales en los años anteriores de nuestra lucha política y queríamos garantizarnos a nosotros mismos el futuro y por eso nos empeñamos en que se diera un Código Electoral capaz hasta donde fuera posible de impedir una serie de fraudes de los que nosotros habíamos sido víctimas. De manera que ese Código Electoral es obra nuestra, pero no sólo en cuanto a que nosotros lo redactamos, lo redactó el Lic. Luis Carballo y luego nosotros colaboramos un poco con él, sino también en el sentido de que nosotros tuvimos que luchar para que nuestros aliados lo aceptaran. Entonces se iba a integrar por primera vez el Tribunal Electoral y don Teodoro se comprometió con don Otilio a integrarlo de acuerdo con él. El Dr. Calderón cuando oyó esto protestó y dijo que él no lo aceptaba pero inmediatamente se produjo una situación prácticamente de choque y yo intervine para calmarlos. El Dr. pensó un poco el asunto y luego le dijo a Teodoro que cómo era posible que el partido del señor Ulate donde militaban gentes acostumbradas a hacer fraudes en todas las elecciones pasadas de Costa Rica, cómo se les iba a entregar el Tribunal Electoral.

Yo le dije a don Teodoro que nosotros estábamos de acuerdo en garantizar la pureza del sufragio; pero en garantizarla nosotros, en cambio, no creemos que la gente del señor Ulate nos pueda garantizar la pureza porque en Costa Rica el fraude electoral ha venido a ser una especie de deporte. Nuestros políticos lo llevan a cabo con toda naturalidad, aquí hay una escuela de fraude y aquí hay profesionales del fraude como no los hay en ningún otro lugar de América Le dije a don Teodoro que francamente nosotros los comunistas sabemos que sólo nosotros podemos garantizar la pureza electoral. Si usted quiere que le hable con claridad nosotros no creemos ni en ustedes, nuestros aliados. De manera que no estamos de acuerdo. Entonces don Teodoro completó la explicación y nos dijo que el compromiso era que los diputados que apoyaban al Gobierno debían firmar un pliego comprometiéndose a aceptar el fallo que dé el Tribunal que se iba a nombrar. Yo también protesté de eso. Nos disolvimos en esas condiciones; pero más tarde don Teodoro me llamó de nuevo y me dijo que ya el Dr. Calderón había aceptado, y yo le manifesté que había consultado con los compañeros de Partido y no aceptábamos eso, no firmamos ese pliego.

Después don Teodoro consultó con Ulate y éste estuvo de acuerdo en que ese pliego lo firmaran únicamente los diputados calderonistas que eran 27, los comunistas éramos 6, si hubiéramos firmado todos, hubieran sido 33 firmas pero nosotros nos mantuvimos en esa posición pues considerábamos que el precedente era pésimo y además no considerábamos digno que nos sometiéramos a semejante humillación, que nos comprometiéramos a aceptar un fallo de un Tribunal que todavía no se había nombrado y eso bajo la presión de una huelga que no tenía las proporciones ni las posibles consecuencias que don Teodoro, en su gran fantasía, le estaba atribuyendo.

Lo cierto es que ese pacto se consumó y los 27 diputados firmaron. Luego se integró el Tribunal Electoral conforme a lo prometido. Naturalmente fueron personas honorables las que lo integraron: don José María Vargas, don Gerardo Guzmán, don Max Koberg, personas honorables pero ingenuas, sin ninguna experiencia política, sin ninguna malicia y además un poco también envenenados especialmente don José María y don Gerardo, por la campaña que se había hecho y porque probablemente con su estructura mental conformada en los principios clásicos del derecho, sentían que nosotros con el Código del Trabajo, con el Seguro Social y con el Impuesto sobre la Renta estábamos poniendo en peligro el orden social. Con este Tribunal ocurrió lo contrario de lo que sus integrantes esperaban porque toda la clase del asunto estuvo en el nombramiento del personal subalterno que era el que iba a dirigir las elecciones, y ese personal subalterno fue todo nombrado por el señor Ulate y ahí fueron todos los viejos profesionales, salvo pocas excepciones, de las maquinaciones de nuestra política.

Luego, las elecciones fueron fraudulentas, nosotros estamos completamente convencidos de eso. Estando yo en México desterrado me enteré de que aquí se iba a iniciar un proceso contra los diputados que habían votado por la nulidad de las elecciones de don Otilio Ulate. Advierto que votamos por la nulidad de las elecciones pero nosotros no violamos ningún pacto como se ha dicho, nosotros nos habíamos negado a firmar ese pacto, los que lo violaron fueron los 27 que lo habían firmado.

Nosotros votamos en la Asamblea por la nulidad de las elecciones; pero antes en nuestras negociaciones con el Dr. Calderón Guardia nos habíamos opuesto a esa nulidad. Ya acordada la votamos pero nos habíamos cpuesto, no porque creyéramos que las elecciones habían sido limpias, sino porque ya dado el pronunciamiento por el Tribunal consideramos que lo mejor era aceptarlo, en vista de que íbamos a mantener la mayoría en el Congreso, íbamos a nombrar la Corte Suprema de Justicia, íbamos a nombrar la Oficina de Control.

Nosotros pensamos que eso era lo mejor aunque las elecciones hubieran sido fraudulentas, éste era un camino que podía llevar a una guerra civil. Si ya el Tribunal declaró a Ulate y nosotros desconocemos eso puede haber pretexto para la guerra civil, como ocurrió. En fin nosotros votamos sin violar ningún pacto; pero hubo fraude. Recuerdo que el Partido del Dr. Calderón, en vista de las pruebas del fraude pidió ante el Tribunal Electoral, de acuerdo con el Código, la nulidad de las elecciones y éste se negó a pronunciarse siquiera.

Yo hablé con el señor Guzmán y le dije que ellos de acuerdo con el Código estaban obligados a pronunciarse y que le pedía que se pronunciaran en cualquier sentido, aunque fuera reventando la demanda, pero que lo hicieran porque de lo contrario, de acuerdo con la Constitución le correspondía a la Asamblea y si ellos se negaban sería una violación de la Ley y los diputados estaban autorizados para violar el pacto. Don Gerardo Guzmán no quiso hacerme caso, en cambio don Max Koberg sí entendió que yo no estaba maniobrando contra nadie sino estaba tratando de salvar la paz de Costa Rica. Por eso don Max Koberg sí dio un pronunciamiento, pero el Tribunal por mayoría se negó a pronunciarse sobre la demanda de nulidad y declaró electo a don Otilio Ulate. [Años después,] estando yo en México supe que se iba a establecer un proceso contra los diputados, entonces yo puse un telegrama al Presidente Figueres con copia para el ex-presidente Ulate, ese telegrama lo publicó el Diario de Costa Rica, y le dije que sabía que se iba a hacer un proceso contra los diputados que habían decretado la nulidad de las elecciones de don Otilio Ulate y que yo estaba fuera del país no por mi voluntad sino porque había sido echado y no tenía temor de regresar a Costa Rica, y que si ese proceso se va a llevar a cabo pedía que se me dejara entrar para defenderme y probar que las elecciones habían sido fraudulentas. Por supuesto, no se me dejó entrar.

Calculo que el fraude fue más o menos de unos 20 ó 25 mil votos, lo suficiente para impedir que Calderón Guardia llegara. Pero en fin terminemos esta conversación, se me pidió que hablara de la huelga de brazos caídos y me pareció interesante que se entendiera cómo esa huelga se llevó a efecto después de las elecciones de 1946 y realmente fue un “espantapájaros”. La huelga no fue el movimiento popular que se ha querido describir, fue un cierre de establecimientos comerciales que no envolvía desde el comienzo ningún peligro político; pero con ese cierre se asustaron muchas gentes y los pájaros volaron asustados y el campo quedó vacío y los adversarios hicieron lo que les dio la gana.

Fuente: http://www.lospobresdelatierra.org/especial1948/morabrazoscaidos.html

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